Premio Altas Artesanías Aplicadas a la Moda

El día que la artesanía subió al escenario

Nos enteramos de la nominación nueve días antes de la gala de los Premios de la Academia de la Moda Española.

Nueve días.

Un tiempo breve, intenso, casi irreal.

Era la segunda vez que se concedía el premio en la categoría de Altas Artesanías Aplicadas a la Moda y la primera en la que la artesanía entraba sola, sin apellidos, sin necesidad de justificarse. Ya solo por eso, estar nominados era un regalo inmenso.

A este premio hay algo que le da, para nosotros, un valor especial: no lo concede un jurado, sino que nace del voto de todos los académicos y académicas de la moda. Personas que conocen el oficio desde dentro, que trabajan en él, que lo piensan y lo defienden. Sentir que es la propia comunidad quien reconoce tu trabajo tiene un peso enorme, mucho mayor —al menos para nosotros— que el veredicto de un grupo reducido.

Pensar el cuerpo, pensar el gesto

Lo primero que pensamos no fue el premio, sino qué íbamos a vestir.

Tenía que ser algo nuestro.

Algo hecho por nosotros.

Algo de algún artesano gallego.

Algo de algún artesano desconocido.

Y además, práctico: Madrid, verano, calor.

Óscar llevaba una camisa negra de lino, un chaleco azul tejido en nuestro taller, hecho por Luisa y forrado con una tela vintage, y un fular largo y estrecho de lino color vainilla. Ese fular era un guiño consciente al último desfile de Dior, donde todos los modelos llevaban fulares largos hasta las rodillas. Nos parecían fantásticos… y no pudimos evitar pensar que, si hubieran estado tejidos en telar, habrían sido sublimes.

Tejerlo fue una pequeña batalla: un lino finísimo, hilado a mano en Estados Unidos en los años 70, que había permanecido durante décadas en un pazo gallego hasta llegar a nosotros. Se rompía cada poco, exigía paciencia, respeto y tiempo. Como todo lo importante.

En los pies, unos zuecos negros de eFerro hechos a medida en tiempo récord, que aislaron del asfalto y de los 38 grados de esa tarde-noche madrileña. Y un cinturón de cuero negro, trabajo de Santiago Besteiro, con una costura de lino azul cargada de significado: el hilo azul representa un lazo invisible que no se rompe por la distancia ni el tiempo, y que significa calma, protección, verdad, inteligencia y sabiduría.

Luisa eligió un vestido negro que sirviera de fondo a un chal calado tejido con lino de color arena y negro, pendientes de un artesano desconocido comprados en Londres, un anillo de Marta Armada, ceramista, que lleva en los grandes momentos y en el día a día, porque las piezas perfectas sirven para todas las ocasiones; y un bolso de mano, tejido para el evento.

Vestirse fue también tomar posición.

La espera

Buscamos un hotel cerca del Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, comimos algo y descansamos. Por si acaso —solo por si acaso— se nos ocurrió preparar un discurso sencillo, para no improvisar si ocurría lo impensable:

Agradecer a la academia, a los académicos, a Teresa Helbig, a Artesanía de Galicia y dedicárselo a nuestras hijas.

Lo ensayamos un par de veces y descansamos un rato, convencidos de que la nominación ya era el premio.

Alfombra roja (o casi)

A las siete de la tarde supimos que desde las escalinatas de la Biblioteca Nacional se estaba emitiendo el programa La Alfombra Roja de RTVE, fotos y entrevistas a famosos y nominados. Como nadie nos había avisado, dimos por hecho que el premio no sería para nosotros. Aun así, decidimos bajar y ver el ambiente.

Allí estaba todo: cámaras, fotógrafos, gente posando. Al intentar entrar, nos pidieron la acreditación. Explicamos que estábamos nominados, dimos nuestros nombres… y no aparecíamos en la lista. No podíamos pasar pero nos hicimos una foto en el photocall (una amable señora que sí estaba acreditada nos la hizo)

Después de deambular un poco, decidimos ir al teatro: al menos allí estaríamos más frescos. Por el camino, varias personas nos pararon para decirnos lo guapos que íbamos y preguntar por las “botas”.

Dentro

Ya en el teatro, Pepa Bueno, presidenta de la Academia, nos reconoció y nos dio la bienvenida. Nos encontramos con Chema y Teresa Helbig, después de cinco años colaborando con ellos, era la primera vez que nos veíamos en persona.

Charlamos, saludamos a caras conocidas y protagonizamos un momento memorable cuando Óscar saludó efusivamente a quien creía una antigua alumna… y resultó ser Nía, cantante famosa de Operación Triunfo. Foto incluida. Luisa, discreta, aclaró la confusión. Tierra, trágame.

Cansados de estar de pie, entramos en el auditorio y nos sentamos en nuestros asientos, rodeados de técnicos. Estábamos relajados, convencidos de que, si salía nuestro premio, sería de los primeros.

Error tras error.

El nombre que no esperas oír

El premio tardó en llegar. Y entonces dijeron nuestro nombre.

Mi cara debió de ser un poema. Algunos amigos nos preguntaron después si lo sabíamos de antemano. No. En absoluto.

El premio nos fue concedido por Tejiendo moda con alma:

“Con su propuesta, convierten materiales imposibles en tejidos funcionales para la colección 1932 Sur Mer de Teresa Helbig, presentada en París. Investigación y técnica al servicio de la belleza.”

Escuchar esas palabras en voz alta, en ese escenario, fue comprender que todo aquello que durante años parecía marginal, lento o difícil de explicar, tenía sentido.

Subimos al escenario. El trofeo que recibimos es una reinterpretación de uno de los icónicos tocados de novia de Cristobal Balenciaga, una escultura creada para la Academia de la Moda por Helena Rohner, inspirándose en esa pieza histórica. Un objeto cargado de memoria, respeto por el pasado y mirada contemporánea. Exactamente el lugar desde el que sentimos que trabajamos.

Luisa comenzó el discurso. Habíamos acordado que hablara ella: cuando Óscar se pone nervioso, habla rápido; cuando Luisa se pone nerviosa, habla despacio y vocaliza como nadie.

Y al final las palabras de agradecimiento fueron:

“Boas noites,

queremos agradecer a la Academia por crear estos premios y considerar a la artesanía suficientemente importante como para tener una categoría propia. Gracias a los académicos que se han pasado el trabajo de valorarlo todo, seleccionar y que han considerar que nosotros podíamos estar entre los cinco nominados que, para nosotros ya es un premio fantástico. A Teresa Helbig, muchísimas gracias por seguir confiando en nuestro trabajo para tu trabajo. Nos hace muy felices cada encargo. A los comunicadores, a los diseñadores que, cada vez más, ponen nombres y apellidos a los artesanos. También a la Fundación Artesanía de Galicia, a todo su equipo por todo lo que hacen. Y ya, dedicarles este premio a Marta Luna y Raquel, nuestras niñas, ya mayorcitas, que se criaron entre telares y que han llevado bastante bien eso de vivir supeditadas a la pasión de sus padres.”

Cumplió el tiempo. Aplausos.

Nos íbamos ya… cuando Luisa volvió al micrófono y dijo:

“Y me estiro un poquito más, me estiro un poquito más. Quiero darle las gracias a Óscar, que un día, hace cuarenta años dijo ”sería fantástico tejer la tela que te viste”, y a partir de ahí, y aquí estamos”

Yo me quedé mudo. Balbuceé un “te quiero”. El teatro se vino abajo.

Tejidos de Belategui Regueiro para Teresa Helbig

1832 Sur Mer de Teresa Helbig

1832 Sur Mer de Teresa Helbig

Después

Fotos, entrevistas, pasillos, el reverso del teatro. Allí conocimos a Jesús Mari Montes, Premio “Embajador de la Moda Española” y director de Flash Moda, con quien acabamos hablando no de premios ni de moda, sino de nuestras madres, como si nos conociéramos de toda la vida.

Llegaron las felicitaciones, una tras otra. Muchos hablaban del discurso. Algunos lloraron. Nosotros también.

La celebración fue en una sala abarrotada. Hablamos con mucha gente. Incluso hubo quien se nos acercó para preguntarnos consejos porque estaban pensando en casarse.

De madrugada, agotados y felices, volvimos al hotel.

Lo que queda

Este premio honra lo invisible: las manos, las horas, las dudas, las preguntas. Honra la belleza que aparece cuando lo humano se teje con intención.

Que este reconocimiento venga de quienes forman parte activa del ecosistema de la moda, y que lo haga poniendo en valor la investigación, la técnica y el alma, nos reafirma en algo esencial: la artesanía no es nostalgia, es futuro.

Para nosotros fue —y es— un impulso enorme para seguir creando desde lo que somos: artesanos que creen en la fuerza del hilo, del gesto y del tiempo.